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lunes, 4 de marzo de 2013

LA VIDA NOS VOLVERÁ A JUNTAR, TE LO PROMETO - ADA (Cap.9)


9.ADA

     Me desperté pronto a pesar de que mi conversación con Ainhoa duró horas, ya que ella no paraba de interrumpir, preguntar, volver a interrumpir y dar su punto de vista sin dejar que terminara de exponer lo que pasaba y sentía por aquel chico llamado Liam. Era mi última mañana. Nos iríamos en horas. Me vestí rápido, cogí a Dafne y me fui al lugar donde desde hacía varios días Liam y yo nos escribíamos.
Había una gran flecha señalando a una fotografía, parecía una postal, de un amanecer. La fotografía estaba anclaba a la arena sujeta por dos piedras rodeadas de arena. Me agaché a cogerla; por detrás estaba escrito con mayúsculas y perfectas letras negras “amanecer rojo”. Bajo aquellas letras, había un papel pegado. Lo despegué y leí “Liam_07@hotmail.com” su correo, ¡genial! Me guardé con cuidado el papel doblado en el pantalón. Miré lo que me había escrito por detrás, me quería dar a entender que esos eran los amaneceres que le gustaban. Miré la foto una vez más. No era una postal.. Era una foto hecha por él, estaba segura.. Me sonrojé; me encanta ir a ver los amaneceres y los anocheceres. Quería dejarle yo también una foto de una de mis fotos favoritas de anocheceres que había hecho yo. Fui corriendo a casa, no había tiempo que perder. No quería que llegara y no viera nada. Entré dando un portazo en el apartamento y sin ni siquiera saludar, me metí en mi cuarto y encendí mi ordenador (me lo solía llevar para ir metiendo las fotos que íbamos haciendo durante aquellos días). Ainhoa entró en mi habitación preocupada ya que me había visto entrar escopetada en casa y no había saludado.
-Hola, ¿y esta foto?- dijo desconcertada al ver la foto que tenía al lado del ordenador.
-Me la ha dejado Liam, poniéndome por detrás cómo le gustan los amaneceres. Y también su correo electrónico- dije ilusionada.
-su correo? Uuooh! Este chico quiere algo- dijo Ainhoa. Me sonrojé y la sonreí
-necesito imprimir una foto de uno de mis amaneceres que más me guste antes de irnos- dije con voz nerviosa. Quería correr ya con la foto en las manos y dejársela entre aquellas dos piedras. Tenía muchas fotos de amaneceres, pero con sinceridad, la mejor foto era una que conseguí hacer el año anterior, son cuatro fotos juntas, en las cuales se puede ver el sol, saliendo, por el mar y la luna escondiéndose por las montañas. El cielo ese día era de un rosa pálido cerca de la luna, y naranja, rojo y amarillo cerca del sol. Entre medias de ambos, había un color perfecto, casi como gris. Ese era el color del amanecer que más me gustaba. Ojalá Liam pudiera apreciar la belleza de esa fotografía tanto como yo. Siempre me había fascinado ver cómo salía el sol y como la luna huía de él escondiéndose al otro lado de la tierra.

Corrí hacia donde vivía Linda, ella seguro que me hacía el favor de imprimirme aquella preciosa foto en papel de foto como había hecho Liam. La foto era grande y apaisada, así que ocupaba mucho de largo pero no de ancho. Linda no me puso ninguna pega, y veinte minutos después ya estaba en casa con la fotografía impresa. Se veían muy bien los colores, aunque el recuerdo de aquella foto me hizo recordar el momento en que saqué la foto. Los colores eran mucho mejores que en la fotografía y aun así, era espectacular ver aquella foto. Se asemejaba a la aurora boreal.
No sabía describir exactamente el color del cielo que me encantaba, rosa pálido, gris claro.. Así que terminé poniendo: “amanecer pálido” con la mejor letra que pude y salí escopetada a la arena a dejar la foto.
Una vez medio enterrada entre las piedras, mi corazón empezó a calmarse. Volví al apartamento andando, tranquilamente. Por un momento había olvidado que en pocas horas me iría y todo lo que había vivido estos cuatro últimos días se quedaría aquí, hasta el año que viene. Entonces me di cuenta de que no le había escrito que me iba definitivamente hasta el verano siguiente. Volví corriendo a la arena. La foto seguía allí; menos mal. A su lado tracé unas cuentas líneas que se convirtieron en: “hasta el verano que viene”. (No me di cuenta de escribir mi correo electrónico con las prisas, pero bueno, yo tenía el suyo..)
Ese verano no nos volveríamos a encontrar a no ser que sucediera un milagro; pero no sucedió. Recogimos nuestras cosas, nos despedimos de Roberto, Álex y Marcos y nos metimos en mi furgoneta (la cual ya tenía nombre: Mail. Si os fijáis, es Liam al revés) de vuelta a la realidad, a nuestras respectivas casas.
-Ada llámame cuando llegues, ¿vale?- me dijo Marcos mientras se acercaba a mí y me daba un beso en la mejilla. Le abracé y le susurré contra su oreja –por supuesto-. Así se quedaría más tranquilo.
-Adiós chicas- dijeron Álex y Roberto
-Acordaos que nos vemos en unos días- dijo Marcos. Habíamos quedado cuando ellos volvieran de la playa. Todavía era verano y queríamos aprovechar lo que nos quedaba.
-Sí, os esperamos- dijo Sara y les guiñó un ojo. Sonreímos los nueve mientras nuestra furgoneta se alejaba del paseo donde estaban los tres chicos.

Mientras volvíamos pensé en todo lo que habíamos hecho ese verano y todo lo que no: ver los acantilados, los puertos, los cabos, los faros o simplemente pasear por los pueblos en sí. Saqué de mi mochila la foto del amanecer de Liam. Era preciosa. Me quedé mirándola horas. Menos mal que a la vuelta no me tocaba conducir a mí. Dafne se colocó en mi regazo y escondió su cabeza bajo el ala, preparada para dormir plácidamente hasta que parara la furgoneta.

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