Translate

miércoles, 26 de junio de 2013

introdúcete en Werewolf

El lugar: Nos adentramos en Noruega, en plena costa. A nuestro alrededor pastos verdes cubiertos por nieve, formaciones rocosas, cascadas, tierra, durante miles de hectáreas, quien sabe exáctamente cuántas son.
Allí, escondida frente al mar, una cueva. No lo parece. En su entrada hay una gran cascada, que llena de ruido sordo los alrededores. El agua cae con fuerza, quizás con más fuerza de la que debería. Los humanos no suelen llegar nunca allí, y si lo hacen, no se suelen acercar, teniendo miedo de los remolinos que se forman en el lago que nunca deja de moverse como si hubiera una tempestad allí mismo.
Nos adentramos dentro de la cueva, pasand la cascada de la muerte, como la llaman en Noruega. Dentro nos encontramos con dos pequeños caminos escarpados a ambos lados de la cueva y un montón de piedras de pequeño tamaño en el centro. Si eres listo, irás por el lateral. Si eres humano, es muy dificil que consigas dar dos pasos antes de caerte y romperte algo. Si consigues pasar la segunda barrera entonces llegarás al final de lo que parece la cueva. Si giras tu cabeza ligeramente hacia la derecha y tienes buena visión nocturna, verás que si vas a la derecha, detrás de unos recovecos, hay dos “agujeros”. Uno es el indicado, el otro simplemente te perderá dentro de la cueva y te hará salir de ella. Escogemos el camino de la izquierda. Nos adentramos en él. Va empinado y escarpado hacia abajo. Parece que bajas por años. No se sabe a ciencia cierta los kilómetros que tiene el tunel, es posible que cerca de un kilómetro. Para los humanos es mucho y darían la vuelta, es la tercera barrera. Si sigues el tunel, desembocarás en un gran círulo al cual llegan los rayos de sol. Si miras hacia arriba solo verás la luz, jamás de donde vienen los rayos, igual que desde fuera no saben lo que hay ahí abajo. Si diriges la mirada a la derecha, verás una escalera echa de madera, hace millones de años. La gente pensaría que se va a romper, no saben cuan equivocados están. Sube por la escalera, llegarás a una pared rocosa que te dice que es el final del camino. Mira de un lado a otro, no encontrarás nada inusual. Si eres humano, jamás se abrirán las puertas de nuestro mundo a ti. Si eres un licántropo, tan solo apoya tu palma de la mano sobre la roca, ella te reconocerá y se abrirá ante ti. Dejará que la magia te inunde. Un humano podría pasar a través de Maat, que significa equilibrio, solo si se cumpliera: a) estuviera en contacto directo con un licántropo. b)éste decidiera dentro de su ser, que le deja pasar. Si no se cumplen estas dos partes, el humano jamás podría atravesar la pueta de Maat y llegar dentro de ella.

Está bien, ahora adentrémonos en ella. Es como una ciudad subterránea, salvo por el echo de que hay iluminación sobrenatural. Es la luz de Maat. De frente tenemos una estatua, donde se puede percivir la figura de un licántropo. No es como los de Crepúsculo, no es un lobo, no es un perro, es una criatura del infierno, ostentosa, ridículamente fea, desagradable, con ira llenando las cuencas de sus ojos, la locura en sus ojos. La lucha del lobo en su interior frente a su humanidad. Alrededor, dispuestás en círculos a su alrededor, están las casas de los Betta. Entre éstas, encontrarás las de los Levedit, algo más grandes. Las casas de los Levedit tienen a su alrededor a sus descendientes. Pasando éstas, encontrarás la casa de Norna, más grande y ostentosa que las anteriores. Varios pisos y muchos licántropos decorando la fachada. En la lejanía, la propiedad de los Hécate. Un gran castillo, o algo parecido a ello si hablamos en el idioma de los humanos. La construcción la llamamos Innana, que significa Diosa Madre. Es allí, en una de las habitaciones donde se deciden las cosas, es en otra de ellas donde conoces a tu elegido, es en otro de tantas donde Norma decide tu futuro... Todo lo transcendental pasa allí, de ahí su nombre, Innana.

Nosotros: Nos hacemos llamar licántropos. Pertenecemos al clan Vanir. Su nombre proviene de un clan de deidades.
Nos regimos por unas normas y estatus social.
Arriba del todo en nuestra jerarquía están los Hécate. Fueron nuestros creadores. Después sigue Norna, que muchas veces es como si no tuviera que acatar las normas, va por libre. Después la siguen los Levedit, nuestros ancianos. Bajo ellos están los Betta, el rango más bajo.
¿Cómo conseguimos la comida? ¿Por qué vivimos escondidos? ¿cuándo nos transformamos? ¿nos dan caza? Son preguntas muy frecuentas.
No somos bichos raros en cuanto a comida. Somos omnivoros y dentro de nuestras miles de hectareas de terreno tenemos huerto. Respecto a la carne, solo tenemos que pescar, o mandar a algún Betta a matar alguna de nuestras reses en ocasiones importantes, si no, vamos al mercado como el resto de los humanos. El agua nos llega desde la cascada, es potable. No se nos prohíbe beber los refrescos humanos, solo hay alguien que debe ir, comprar y volver con ellos.
En cuanto a vivir escondidos... Nuestros antepasados, los primeros licántropos, se dieron cuenta de que nosotros somos en sí un arma letal para el ser humano cuando nos transformamos. Que la raza humana dejara de existir no sería algo bueno, por lo que hay que conservarla. Igual que los perros pueden coexistir con los gatos, los leones con los búfalos, nosotros con los humanos, salvo por el echo de que ellos no saben de nuestra existencia, o la mayoría, al menos. Nosotros somos más poderosos en nuestra forma de licántropo, así que durante las lunas llenas, nos escondemos, bajo nuestra cueva, entre rejas. Eso también contesta la pregunta de cuándo nos transformamos. Los primeros años tras nuestra primera transformación los pasamos intentando controlar el cambio. Eso ya os lo explicaré más adelante. Maat no está cerca del mar por casualidad, fue creada para que en luna llena, cuando la marea sube, sea capaz de dejarnos aislados. Así, si algún licántropo intenta uir, no podrá, pues la cueva entera, hasta incluso la salida a las escaleras, queda repleta de agua salada.
¿Que si nos dan caza? Como a cualquier predador. Nos ven como un factor determinante para la extinción de la especie humana, así que nos dan caza. ¿Les damos caza nosotros? No, ¿para qué? No conseguimos nada a cambio, solo alguien muerto. ¿Qué consiguen ellos matándonos? Nada tampoco. Creen que somos malos, que queremos destruir la humanidad, que somos muy poderosos... Nosotros decimos... Si es lo que pensamos... Y somos tan poderosos... No lo habríamos echo ya? Por eso nos dan caza, pensando que salvan la humanidad, no se dan cuenta de que lo único que hacen es enfadar a los Hécate, a todos los clanes. No saben que como sigan así estallará la guerra, que, claro está, ganaremos.


Nuestras fiestas y tiruales:



Cómo controlar a la vestia que llevamos dentro:

lunes, 24 de junio de 2013

ABRIENDO LOS OJOS - Luca cap. 27


Capítulo 27


-Ahora-


     Los días pasan lentamente cuando estoy en casa de Jose, casi prefiero encerrarme en mi trabajo en el laboratorio.
Hace poco que comenté a Jose mi idea de estudiar en España mientras comíamos en el comedor del edificio donde trabajamos a lo que contestó.
–Es fantástico. Una fantástica idea. Pero... ¿Vas a poder aguantar tanto tiempo sin tu familia?
–Sí –contesté secamente.
–Me alegra que te vayas a España y creo que tengo que proponerte algo que quizás te ayude a entrar en una universidad española
–¿Qué? –pregunté extasiado.
–Mi hija –al oir aquellas dos palabras, se me derrumbó todo –. Ella está dando clases a mi hijo para la selectividad. Quedan por las tardes cuando sale de clase él. Vete con ellos. Los días que estés con ellos dímelo y no hace falta que vengas.
–Pero... No, no puedo. Tengo que hacer mi trabajo –dije intentando quitarle a Jose la idea de pasar más tiempo con su hija.
–A mi hija le viene bien, no hace nada en todo el día si no fuera por sus amigos y por dar clases. No le importará un alumno más –dijo Jose. En cuanto dije eso, supe que dijera lo que dijera no me iba a librar de ir allí con su hija.
–Está bien, probaré.
Pensaba probar y no volver, alegando que no entendía lo que me explicaba. Y por eso, ahora estoy en el cuarto de Ana, con su hermano a mi lado, que no para de hablarme de sus clases con su hermana y de preguntarme para qué quiero estudiar la selec... Como se llame.
–Ya verás, es guay. Tiene mucha paciencia y si no lo pillas te lo explica como para bobos –me cuenta Miguel. Por un momento me quedo pensativo. No la veo con mucha paciencia encima.
miguel ya estoy en casa. Vete sacando el libro de biologia- grita la hija de Jose. Mi mandíbula se tensa.
–Tranqui, no pasará nada. Es buena profesora –me anima Miguel al ver mi reacción al sonido de la voz de Ana.
Al segundo de decir eso, la hija de Jose entra por la puerta de su habitación. Nuestras miradas se cruzan e intento mantenerla. Intentando ver lo que sus ojos me quieren decir. No le gusta la idea, ya somos dos.
–Hola –saluda la hija de Jose a Miguel. A mí me saluda con un leve asentimiento de cabeza.
-miguel podemos hablar un momento?- la voz de la chiquilla suena rasposa y enfadada.
-claro- contesta Miguel a su hermana levantándose de la silla. Ambos se van al cuarto de Miguel y cierran la puerta.
No logro escuchar todo lo que dicen, solo escucho restos de algunas frases. Lo único que logro escuchar con nitidez es a Ana diciendo: “No no no”.
No tardan mucho en salir de la habitación y enseguida nos ponemos en marcha.
-antes de nada Luca dime en que asignaturas tengo que ayudarte. Me tengo que organizar – me dice la hija de Jose. Me debato entre si levantarme de la mesa e irme a casa o quedarme. El ambiente es demasiado tenso.
-me tengo que examinar de todas las que se examinara tu hermano, asi que bueno si no te importa que este con vosotros cuando le expliques algo.
Ana coje una silla y la coloca entre ambos para sentarse. Una vez sentada saca un papel y comienza a apuntar las asignaturas de las que me examinaré.
-y tu? te vas a examinar de filosofia? –me pregunta la hija de Jose mirándome directamente a los ojos. Desliza la mirada a mis labios y algo en mi interior cruje, como si dentro de mí algo se estuviera rompiendo. Mi corazón parece que late más deprisa, pero eso es imposible.
-no se que voy a elegir. En eso estoy algo perdido
-no te preocupes luego lo miramos
-si te parece bien, para no perder tiempo hoy vamos a seguir tal como voy con mi hermano. Mañana pasate por casa pronto, en cuanto te despiertes y miramos como nos organizamos vale?
-Vabbè. Vale, sí, tranquila- digo con voz casi hasta dulce.
-pues empecemos- dice Ana. Y comienza con biología, explicándonos lo que toca hoy, Adn y yo que sé qué más. Nos pasamos dos o tres horas, tal vez más repasando ese tema sin parar y al final, ya por la noche, vuelvo a casa con la promesa de volver al día siguiente para estudiar con la hija de Jose solos.
Me tiro en la cama y pienso si me merece la pena ir mañana a casa de Jose. Suspiro. Tal vez ella realmente sí que pueda ayudarme. Pero no sé si merece la pena el esfuerzo que tengo que hacer por ello. Cuanto más tiempo pase con la hija de Jose, más deseo, más tentación y más comedura de coco después. Más conexión que romper entre ambos.
* * *
Mi despertador suena pronto. Me ducho, me aseo, paso por el vater a descargar y salgo pitando a casa de Jose.
Entro sin llamar a casa de Jose y subo hasta el piso de las habitaciones. Me paro frente a la puerta de Ana y suspiro. Llamo a la puerta mientras la abro.
Ciao –saludo en un susurro al ver que no hay luz dentro. Distingo la silueta de la chiquilla en la cama cuando mis ojos se acostumbran a la penunbra. La poca luz que hay dentro de la habitación, proviene de la puerta. No puedo evitar quedarme embelesado mirándola dormir plácidamente, o eso es hasta que veo como la hija de Jose se pellizca. A juzgar por su gesto, no se cree que esté aquí. Estoy apunto de echarme a reir. Me apoyo en el marco de la puerta, esperando a que se de cuenta que soy real.
no es un sueño, sono reàle. Soy real
–Como me temía.. –oigo que se queja la hija de Jose en un susurro. Empezamos bien la mañana.
-que te parece si te quedas por aquí viendo una peli o algo y yo sigo durmiendo?
-me dijiste que viniera nada mas levantarme – es mi contestación. No he madrugado para nada.
-pensaba que harias como yo, levantarte a las mil, no a las cinco de la mañana –dice Ana con su voz malhumorada.
-me he despertado a las siete, perdona que te diga –contraataco como si fuera un chico de quince años.
-la hora que sea. Me da igual –me contesta Ana fulminándome con la mirada.
-no te preocupes, me bajo con tu madre a desayunar, tú riposi –contesto saliendo de la habitación. Doy un protazo a sabiendas que su ceño se fruncirá y empezará a despotricar. ¡Qué buen inicio del día! Me bajo a la cocina y saludo a Ana María.
–Hombre Luca, que alegría verte por aquí. Necesitas ayuda? –me dice Ana María a modo de saludo.
–No, tranquila, he venido a que Ana me de clases – explico.
–Oh! Qué bien. Aún sigue dormida ¿verdad? –me pregunta Ana María con cara enfadada –. No sé cómo hacer que esta niña siente la cabeza.
–No te preocupes, espero aquí – contesto de forma cortés. Lo que me faltaba es tener que soportar toda la mañana a una niña enfadada porque su madre ha irrumpido en su cuarto para que se levante.
–¿Has desayunado?
–No, aún no.
-hola mama- saluda la hija de Jose a su madre, interrumpiendo nuestra conversación. La observo entrar, despeinada, pantalón corto y camiseta de tirantes, está sexy muy a mi pesar.
-hola cielo, que pronto te has levantado hoy –dice Ana María. Intento aguantarme la risa que amenaza con salir sin que pueda remediarlo.
-ha sido Luca quien me ha despertado –me culpa la hija de Jose.
-mejor asi madrugas
-habeis desayunado ya?
–No –contesta Ana María, yo niego con la cabeza.
-voy a hacer tostadas, quereis? - pregunta la chiquilla sin ni siquiera echarme un vistazo.
-si vale, hazme una- contesta Ana María.
-yo dos prego- contesto. La miro descaradamente, me gusta mirarla. Sus ojos me dicen todo, sigue enfadada conmigo por despertarla, a mí, me da absolutamente igual.
* * *
-bueno a ver.. me vas a contar por que tienes que hacer selectividad, si ya trabajas y tienes unos.. tres años mas que yo? –me pregunta Ana. Su voz seca. Como dándome una orden. No me gusta que me den órdenes.
–No creo que eso sea de tu incumbencia –contesto secamente.
-bueno es el plus por ayudarte a estudiar
-no creo que sea justo – rebato mientras la fulmino con la mirada.
-bueno pero es lo que yo quiero. Me parece justo que me cuentes porque te tengo que ayudar.
-Eccolo. Exacto... te contare porque me tienes que ayudar. Me tienes que ayudar porque sin ti no creo que sea capaz de aprobar la selectividad en septiembre
-no es lo que yo buscaba asi que no te voy a dar clases hasta que decidas contarmelo- me contesta la hija de Jose. Yo, por mi parte, me levanto de la silla y me voy hacia la puerta, no voy a decirle nada a esta ratilla. ¡Qué se joda si no me quiere ayudar! Ya me sacaré yo las castañas del fuego
-espera!- me grita Ana antes de que llegue a traspasar el umbral de la puerta de su cuarto. me giro y me la quedo mirando. He ganado.
-ven- me pide despues de unos momentos sin hablar -volvamos a empezar.
-Vabbè. De acuerdo.
-me has dicho que te vas a presentar en septiembre ¿no?
-si
-por algo en especial?
-no creo que me de tiempo a estudiar todo de aquí a junio
-podemos intentarlo, si quieres –me propone Ana. La sonrío –. Me refiero a que te presentes en junio – matiza. Sus mejillas arden. Lo noto. Desvía su mirada de mis ojos, es la primera vez que es ella la que desvía la mirada cuando éstas se encuentran.
-crees que podre? - pregunto intentando que mi voz no suene tan seductiva como ha sonado cuando lo he pensado en mi cabeza.
-lo veremos cuando llevemos un par de semanas estudiando juntos
-È ok. Esta bien. Ci prova. Probemos –digo no del todo convencido.

Y así continuamos la mañana hablando sobre asignaturas y organizándonos. La verdad es que no ha sido TAN TAN malo como lo imaginé. 

ABRIENDO LOS OJOS - Luca cap. 26


Capítulo 26


-Ahora-



      Es por la mañana. Me visto y me paso por casa de Jose a recoger mi chaqueta, mis pantalones y un par de informes que me dijo que pasara a buscar por su casa. No estoy mucho allí. Solo saludo a Ana María, a Sami y me voy corriendo al centro de investigación.
Entro por la puerta principal. En el hall no hay más que sillas blancas, paredes blancas... todo muy pulcro. Me dirijo a la derecha, por uno de los pasillos que salen del hall principal. Abro la puerta que conduce a los laboratorios. Sigo por otro pasillo hasta un ascensor. Pulso el botón donde sale un siete. Subo las siete plantas y ando por un par de pasillos más tan blancos como los anteriores hasta llegar a la puerta que estoy buscando. Paso mi tarjeta de identificación por el lector y las puetas se abren con un sonido a descompresión. Paso al laboratorio donde trabajamos en el proyecto de Jose. Es grande y de paredes blancas. Lleno de mesas. Éstas están llenas de frascos de diferentes colores con un montón de disoluciones diferentes.
-Hola Luca- me saluda Isidro.
-Ciao.
-Hola Luca- me saluda Alberto. Sigo andando por entre las mesas saludando hasta que llego a la mía. En mi mesa solo tengo folios y más folios de botánica y química. Los repaso intentando encontrar algo que vaya bien para el proyecto.

Mis pensamientos se desvían a Chiara... A la noche en que ella le dijo a Padre que quería estar con Giovanni, parece que fue ayer... Después aparece en mi mente la hija de Jose. Esto no es nada bueno... Tengo que dejar de pensar en ella cada vez que pienso en Chiara...

LA VIDA NOS VOLVERÁ A JUNTAR, TLP - Liam Cap 23

Capítulo 22
Liam


Nada más llegar a la playa, sabía que Ada echaría a correr para zambullirse en el agua, y así hizo. Esta vez no cogió sus gafas, su tubo, ni sus aleta; sabía que lo que quería era distanciarse de todo y pensar, tal vez en mi, en nosotros. Yo también necesitaba pensar así que seguido de Sam y Dafne me puse a andar por la orilla llena de piedras frías a causa del/por el agua de mar. Anduve y anduve, intentando colocar cada pensamiento en su lugar, cada sentimiento. No entendía bien que era lo que me había pasado, lo unico que sabía es que Ada se estaba volviendo alguien muy importante en mi vida. Tenía que conocerla más aunque sintiera que la conocía. Me daba igual esperar segundos, minutos, horas, días, meses, años, para conocerla del todo y tenerla para siempre a mi lado. La necesitaba, en lo más profundo de mi ser, la necesitaba. Siempre la había necesitado y ahora la había encontrado.

Estuve mirándola toda la mañana. Cada gesto, movimiento, carcajada, sonrisa.. Todo. Y todo en ella me asombraba y deslumbraba. No sabía cuánto tiempo más podría aguantar estando cerca de ella, pero no todo lo cerca que me gustaría.
Cuando volví de mi paseo hacia donde estaban todos, ya era casi la hora de comer. Me senté entre Noel y Ainhoa y dejé un pequeño hueco para Ada a mi lado. Ésta estuvo ausente la mayor parte del tiempo, mientras los demás comíamos y más tarde corríamos por la playa unos detrás de otros con Sara haciendo fotos y Sam y Dafne jugando entre ellas.
Más tarde, todos nos fuimos a dar un baño; todos, excepto Ada, que se quedó rezagada. La miré, pero ella se tumbó bajo la sombrilla. Querría descansar. Intenté darla espacio, pero.. Quería estar cerca de ella. No pude resistirme más.
Cogí mi toalla y la extendí a su lado, intentando hacer la menor cantidad de ruido, no quería molestarla, solo quería estar a su lado. Ella permaneció quieta, respiraba lentamente, estaba muy relajada, casi sentía como si estuviera en trance. Me quedé contemplándola. No me pude resistir a tocar con mis dedos la piel de su brazo, sus mejillas; tenía que tocarla. Y una vez empecé, comprendí que para mí, rozar su piel, era algo casi adictivo. Noté cómo se estremeció cuando posé mis dedos fríos y mojados por el agua salada en su brazo. Tenía mis dedos mojados por el mar y estaban algo fríos. [elegir una de las dos frases] No abría los ojos. Quería que los abriera y me viera a mí, frente a ella. Cuando me sonrió, no me pude resistir y tuve que susurrarla, acercándome a su oído, decirla algo que llevaba días pensando cada vez que sonreía - tienes una sonrisa preciosa-. Ada abrió los ojos de par en par, por un momento en sus ojos pude ver asombro. Pero después pasaron a tener un brillo hipnótico, diferente al de por la mañana, era como si esperase verdaderamente que fuera yo quien estuviera rozando su mano contra su piel. Segundos después, el brillo cambió y sus ojos se volvieron más opacos, ¿No se esperaba que fuera yo? ¿Quien se esperaba que fuera? Estaba algo inquieto, no sabía lo que significaban sus ojos; primero brillantes y felices, después más opacos como si se arrepintiera de sentirse feliz al verme. Se quedó mirándome sin decir nada, no sé qué me quería decir su mirada. Algunas gotas que resbalaban por mi cuerpo, iban a parar al suyo. Me pareció sexy. La miré fijamente. Tenía que ser mía. Me acerqué más a ella. Coloqué mi mano izquierda al lado de su pelo, en la toalla. Estábamos muy cerca el uno del otro. Cada vez más gotas de mi cuerpo llegaban al suyo. Y una vez en el suyo resbalaban hasta llegar a la toalla mientras otras se quedaban como perfectos círculos transparentes sobre su piel.
-esperaba que fueras tú- me dijo entre susurros. Que lo dijera así, me pareció más sexy aún. Sus ojos se volvieron a iluminar y se hicieron más claros. Noté su aliento en mi cara cuando susurró aquellas palabras. Y ya no me pude resistir más, me venció la pasión frente a la razón. Solo pensaba en besarla, no me importaba lo poco que realmente la conocía porque sentía que la conocía casi mejor que a mí mismo, como si la conociera desde siempre. No me importaba lo que pasara después, solo quería vivir ese momento, esa pasión que había surgido en el fondo de mi ser de repente, con una sola frase suya “esperaba que fueras tú”. La frase retumbó en mi cabeza, en mis oídos y me dejé llevar. La cogí de la cintura y la estreché contra mi torso desnudo y mojado. No quería que nada se interpusiera entre nosotros, ni el mismo aire. Ada ahogó un pequeño grito al notar el frío por su espalda. Pero dejó que siguiera acercándola más y más hacia mí. Rocé con la mayor suavidad que pude su mejilla, descendí por la mandíbula y llegué al cuello, al surco de la clavícula con el esternón, donde me detuve. Su corazón empezó a acelerarse, lo notaba en mi propia piel, el mío se contagió del suyo y comenzó también a latir con fuerza y rapidez. Era tan guapa.. Y deslicé una vez más mis dedos a lo largo de su mejilla hasta llegar a su cuello. Mi mano quería seguir bajando y tocar todas las esquinas y partes de su cuerpo que aún no había tocado, pero por ahora, así era suficiente. Seguí acercándome más a ella, intentando que el momento antes del beso fuera eterno. Que los dos pudiéramos saborear el espacio que nos separaba y que pronto desaparecería. Una vez nuestros torsos estuvieron juntos, rocé mis labios con los suyos. Era el momento de los besos que más me gustaban. El estar tan cerca que nada nos separa, pero aún podemos estar más unidos aún. Llevé mi mano hasta su nuca y con mucho cuidado la fui acercando más a mí aun. Tenía miedo del momento en que nuestros labios se juntaran, de sentir como era aquel primer beso, de saber si cumpliría todas las expectativas de Ada.. Nuestros labios comenzaron a estar más cerca el uno del otro, instintivamente, mis labios fueron a buscar y besar su labio superior, para después deslizarse al inferior. El beso, lo que sentí, es casi imposible de explicar con palabras. Fantástico, perfecto.. Me hubiera encantado poder besarla toda la tarde y que fuéramos uno, pero quería ir poco a poco con ella y con cuidado. En cuanto vi cómo su cuerpo respondía apasionadamente al momento, intenté parar y no dejar a mi cuerpo hacer sin consentimiento de mi cabeza. No quería perderla por nada. Nunca había tenido nada serio con nadie, nada más allá de una noche o unos días, lo máximo un mes escaso. Era hora de que hiciera las cosas bien y no como en otras ocasiones.
Me recosté sobre mi toalla e insté a Ada a que se tumbara, igual que lo había hecho la noche que dormimos juntos. Me quedé pensando en aquella mañana, cuando me desperté y la encontré abrazándome. El calor que me inundó al verla cerca de mí. Con ella todo tenía que salir bien. No podía permitirme un paso el falso.

miércoles, 19 de junio de 2013

TÚ TB ERES RARO DE LO NORMAL QUE ERES - CAP-1




Capítulo 1


       Hoy, me siento enamorada. Me he despertado y es el día de Reyes. Y tú estabas a mi lado, durmiendo. Es tan placentero ver cómo duermes... Párpados pálidos al igual que el resto de tu cara, bajo los que descansan tus bellos ojos azules. Me quedo mirando las pequeñas venas que se pueden percibir en ellos. Imagino tus ojos azules que cuando los miras te absorben, no son como cualquier ojo que haya visto nunca; son... No tengo palabras. Preciosos, bellos, alucinantes, únicos... Estas palabras se quedan cortas, impidiendo describir tus ojos. Siempre me miran de una forma especial. Mi mirada llega a tus cejas de color marrón, como la corteza de los árboles. Pequeños pelos color corteza unen tus cejas. No se ven a simple vista, pero si te acercas... Si miras con detenimiento, los puedes apreciar. Pestañas largas, unidas mientras duermes. El pelo... Corto, castaño y liso, aunque solía ser largo y rizado. Me fijo que tienes reflejos dorados. Pecas en la cara... Sigo fijándome en ti, en cómo respiras. Nariz perfecta, respingona y algo ancha con un montón de pecas salpicándola, barba fina que te recorre la mandíbula y termina en una perilla larga de color rubio, pelirrojo y negro, algo que nunca había visto antes de conocerte a ti. Miro tus orejas, en las que antes llevabas un pendiente, apenas queda rastro de que alguna vez hubo allí un metal. Me quedo mirando tu boca, la comisura de tus labios, carnosos, rosados y con pequeñas pecas que casi no se notan en ellos, solo si eres lo suficiente detallista, solo si te dedicas, como yo, a mirarlos por horas hipnotizada... Me dan ganas de besarlos, de morderlos de sentirlos otra vez. Todo su calor... Sigo bajando mi mirada y me encuentro con tu pálido cuello al que me dan ganas de besar y mordisquear. Llego con la mirada a tus hombros, llenos de pecas al igual que tus pómulos, algún lunar que otro también. También tus hombros son perfectos. Y sigo bajando mi mirada hasta la punta de tus pies que sobresalen entre las sábanas. Brazos en los que puedo ver como es tu bíceps, y demás músculos. No son muy fuertes, pero no me importa, porque con ellos son con los que me abrazas. Llego a las manos, uñas mordidas, dedos largos, nudillos con arañazos de animales de tu casa, punta del dedo redonda y con algún que otro pellejo, aún así yo las veo perfectas. Recuerdo cada vez que me tocas con ellas, el roce de tus dedos en mi piel, tan cálido... Espalda recta, aunque con algo de escoliosis que a simple vista no se ve, solo cuando deslizo mis dedos sobre tus vértebras. Culo respingón y bien puesto en su sitio. El más bonito que haya visto nunca, piernas tan blancas como tu cara, y pies... Pies como nunca había visto ninguno, con uñas largas y pequeños pelos de color negro en el final de éstos. Deslizo mi mirada hacia donde debe estar tu abdomen, que no llega a ser liso del todo. Dejo volar mi imaginación, pensando en él. Me quedo contenplándote un buen rato, me gusta mirarte. Estás boca abajo y no puedo ponerme sobre tu pecho a escuchar tu corazón latir, así que hago lo que siempre que no me puedo colocar a tu lado. Cierro los ojos, me acurruco a tu lado y dejo que el sonido de tu respirar profundo (ronquidos, básicamente  me acunen. Ellos son parte de mí ya. Hace mucho tiempo que nos conocemos, hace mucho tiempo que nos amamos, que nos deseamos el uno al otro, pero tan solo hace siete meses que por fin estamos juntos. Entre medias de estos años, días juntos felices en los que ninguno de los dos daba el paso, si uno lo intentaba algo salía mal y todo volvía al principio. Deseo por parte de los dos que después de cuatro años pudo ser calmado.
Tú, la persona más importante de mi vida, te revuelves y empiezas a abrir los ojos. No te mueves, solamente me miras, me miras con esos ojos con los que solo me miras a mí. Me sonríes  Tienes unos dientes rectos, bonitos, grandes paletos, blancos, cada uno en su sitio, seguramente por los brackets que llevabas cuando te conocí.
Han venido los reyes –digo en voz baja sonriéndote.
Tú me devuelves la sonrisa, sabes que me encanta el día de reyes, abrir y dar regalos.
Y me pongo a recordar, cada momento que he vivido contigo, solo me acuerdo de los buenos, de todos los buenos. Tardes en el retiro, tardes jugando al ordenador, tardes en París, en Venecia, en Galicia, en Murcia... Tardes en el sofá, tardes hablando por teléfono, tardes jugando con nuestros patos y nuestro gato, con nuestra perra Sami. Tardes haciendo nuestro castillo de piedra, pintando miniaturas, bañando a los patos, nuestras duchas, hablando de irnos al extranjero...
Ayer, ayer.. realmente me di cuenta de lo que me quieres, que confías en mi... A veces me hace falta que caigamos al suelo para darme cuenta de las cosas. Esta es una de las razones por las que escribo esto.
Te quiero y no sé que podría pasar si no estuviera contigo. Es difícil explicar todo lo que siento cuando estás a mi lado, cuando me besas...
No hay nada malo en ti...
Lo sé –me contestas aun con la voz medio dormida, haciéndome salir de mi ensimismamiento. Y te desperezas. Abres la boca, tus manos se extienden, al igual que tus codos y tus hombros. La sábana se te resbala un poco por la sábana y puedo ver parte de tus piernas, las cuales también estiras.
Yo sonrío, acercándome poco a poco a ti. Me coloco a tu lado, por encima de ti y te beso. Al principio el beso parece un poco torpe pero según pasan los segundos, el beso se vuelve más firme y sensual.
Ojalá pudiera detener el tiempo cada vez que me despierto a tu lado, pero eso es imposible y enseguida tengo que levantar e irme corriendo a la ducha mientras tú te quedas esperando en la cama. Vuelvo de la ducha y estás igual que al principio, nada ha cambiado. Bueno tal vez has movido el pie izquierdo. Vuelvo a despertarte, esta vez con besos que empiezan en la oreja y terminan en tus labios. Sé que te gusta eso, a mí me lo hacías en nuestros comienzos para ganarte un beso mío. Me devuelves el beso y me tiras en la cama, no estás por la labor de levantarte todavía, pero es el dia de reyes y hay regalos que abrir.
Venga levanta, ¡quiero abrir los regalos! –digo diciendo esto último ilusionada.
En un ratito, te lo prometo –y te acercas a mis labios para besarlos. Intentas convencerme de que nos quedemos allí un poco más, pero yo quiero abrir mis regalos.
El día se pasa volando a tu lado. Cualquier cosa hace que el día en dos segundos haya acabado, incuso hoy, que solo hemos comido, descansado, visto una película, pintado una miniatura, dado de comer a los patos y cuando me quiero dar cuenta, es de noche y al poco es la hora de cenar.
Te conozco mejor de lo que conozco a nadie. Me miras y sé lo que pasa. Es una mirada, un abrazo, darnos la mano... Cualquier gesto en tu rostro, en tu cuerpo, me manifiesta lo que sientes en cada momento. Nunca habia tenido tal grado de complicidad con nadie.

Antes de seguir hablando de hoy, quiero contarte nuestra historia, desde el principio, desde mi punto de vista

lunes, 17 de junio de 2013

LA VIDA NOS VOLVERÁ A JUNTAR, TLP - Ada cap 21

Capítulo 21

Ada


Liam se debió despertar antes que yo, porque cuando me desperté él parecía llevar bastante tiempo observándome, mirándome. ¿La causa? Estaba acurrucada en su pecho, con mi cabeza en su torso y mi brazo inclusive, casi abrazándolo, estrechándolo hacia mí (se estaba muy bien así, he de reconocerlo). Él por su parte, acababa de apoyar su palma de la mano en mi costado. Al principio no me di ni cuenta, por lo que le atraje más hacia mí, sin pensar en lo que hacía y sonriendo. Era tan cálido tu pecho.. Cuando me di cuenta, fui abriendo poco a poco los ojos, me fui volviendo despacito hacia arriba y me encontré con sus ojos. Esa mañana parecía más verdes y brillantes, mirándome y sonriendo.
- buenos días! – me dijo
- lo siento – titubeé todavía con mi brazo rodeando su pecho y mi cabeza apoyada en su pectoral – no me he dado cuenta de que eras tú, de verdad – y comencé a moverme para alejarme de él. Vaya cagada, lo que me faltaba, pensé para mí misma. Noté cómo la sangre se acumulaba en mis mejillas. Perfecto.. además me pongo colorada, pensé.
- no te preocupes, me ha gustado tenerte así, de verdad que no importa – dijo Liam sin parar de mirarme a los ojos. Por su mirada, habría deducido que le había gustado dormir conmigo y despertarse acurrucado por alguien; pero no podía ser así de perfecto y bueno todo con él. Además, lo que había entre nosotros era simple y mera atracción ¿no?. Por lo menos eso era lo que yo quería.. Le contesté sonriendo y a continuación me tumbé en mi lado de la cama, mirando a Liam, que giró su cabeza para poder verme. Genial, así verá mejor lo avergonzada que estoy, pensé. Estaba nerviosa. Mi corazón parecía incluso más desvocado que la noche anterior.
No sabía qué decir, pero dicen que hay veces que un silencio vale más de mil palabras. Desafortunadamente, unos golpes en la puerta rompieron por completo la mirada cómplice que teníamos ambos.
- buenos días pareja! Es la una, creo que ya os hemos dejado descansar mucho – dijeron desde el otro lado de la puerta Noel y Vanessa al mismo tiempo que abrían la puerta y entraban.
- ¿tan tarde es? – pregunté desperezándome, al tiempo que Liam se incorporaba.
- si – dijo Noel y prosiguió – ¿café, leche, cola-cao? –
- cola-cao – dije mientras que Liam dijo – leche-
- tostadas o churros recién hechos? – prosiguió Noel
Esperé que Liam contestara, pero me miró y con su mirada y su movimiento de cabeza supe adivinar que debía contestar yo primero
- tostadas - dije
- yo lo mismo – dijo Liam
- vale, en cinco minutos tendréis todo en la mesa – dijo Vanessa sonriente y a continuación dijo – por ciento nos hemos tomado la libertad de decidir por vosotros en la propuesta de Miguel de pasar el día todos juntos en la playa que está aquí cerca, bajando la montaña a pie, espero que no os importe – Liam y yo nos miramos y sonreímos.
- para nada, me gusta el plan – dijo Liam
- ¿la playa esa a la que siempre quiero ir? – pregunté emocionada. Por fin, aquella playa, con aquel mar azul claro que tanto me gustaba.
- siii – contestó Vanessa sonriente
- sabíamos que diríais que sí – dijo Noel saliendo de la habitación y cerrándola al salir Vanessa.
Nos quedamos solos otra vez y sentí un cosquilleo en el estómago, tenía miedo de que la mañana llegara porque él se iría, pero alguien había pensado en mí y había logrado retenerlo un día más.

Nos levantamos y me acerqué al armario para ver qué me pondría ese día. Parece mentira, pero nunca me había parado a pensar en qué ponerme hasta ese momento; quería estar deslumbrante para él y no sabía qué le gustaría más. Siempre me había puesto lo primero que veía, y muchas veces no conjuntaba. A mí siempre me había dado igual si conjuntaba o no, para vestir, casi siempre había sido un desastre.
- esa camiseta que acabas de coger me gusta mucho – opinó Liam y prosiguió – te quedaría bien con esos pantalones cortos – no me podía creer que Liam me estuviera diciendo eso, no sabía qué decir.
- vale– dije y salí acelerando el paso de la habitación hasta el baño, en el cual acababa de entrar Carolina. No sé por qué reaccioné así. Me puse nerviosa, demasiadas emociones a la vez. Me senté en el suelo del baño durante un buen tiempo, asimilando lo que había pasado los días anteriores y aquella noche. Carolina cerró la puerta y esperó a que yo hablara. No sabía qué era exactamente lo que estaba pasando entre los dos, pero sentía que algo entre nosotros estaba empezando a formarse, y me daba miedo el final de esta historia.
¿Tal vez todo fuera algo pasajero? Eso esperaba. Me levanté con ayuda de Carolina y me miré al espejo, me miré a los ojos y le dije a Carolina y a mi misma - no quiero sufrir- fue lo único que pude decirme a mí misma frente al espejo.
-Ada, no pienses así, no le conoces, dale un voto de confianza- me dijo carolina con mirada suplicante. No sabía qué hacer, necesitaba tiempo. Todo había ocurrido muy deprisa. Y era ahora cuando me estaba dando cuenta. Demasiadas cosas.. Sentía muchas cosas por él, demasiadas; cosas que nunca había sentido por nadie más y no sabía qué sentía él, si es que sentía algo que no fuera mera amistad y cariño. De todas haría lo que mejor se me da.. dejar apartados de mi mente pensamientos que no tuvieran que ver con el tonteo que teníamos Liam y yo.
Notaba que mi mirada era triste, así que esperé unos minutos para despejar mi mente y vestirme. Pero al salir del baño junto con Carolina de la mano y verle, todo lo que había dicho frente al espejo se esfumó; apreté la mano de Carolina y la susurré -no me puedo resistir a él..- Carolina me contestó con una sonrisa y un apretón de mano. Lo que sentía por él era algo casi adictivo. Si no le veía podía proponerme no dejarme llevar, ir con cuidado, pero al verle.. Todo lo dicho se desvanecía y solo le veía a él. Nos sentamos uno frente al otro a desayunar, mientras los demás seguían preparando las cosas para nuestra escapada. Nos echamos miradas fugaces que lo decían todo. Ojalá nunca hubiéramos despertado y hubiera dormido así con él para siempre, pensé. Pero.. Ada.. qué coño estás pensando? Me recriminé a mí misma. Me removí en mi silla nerviosa y zarandeé mi cabeza de un lado a otro, intentando sacar de mi mente aquellos pensamientos sobre Liam. él debía ser otro chico más, alguien con quien tontear, como hacía desde hacía unos años, nada más. Cualquier cosa más significaría que me haría daño. Me gustaba de verdad y yo también quería gustarle de verdad a él.

A las dos ya teníamos todo preparado y estábamos listos para salir. Mientras todos ayudaban a meter las cosas en el monovolumen de los chicos (no sé por qué no fuimos en mi furgoneta, es más grande), aproveché para irme sin que se dieran cuenta a la playa con Sam y Dafne. Me las llevé para que Sam corriera antes de irnos y Dafne pudiera nadar un rato. Además así yo también podía despejarme. Había bastante gente en la playa dadas las horas que eran pero eso no impidió que pudiéramos correr Sam y yo por la orilla y Dafne seguirnos mientras nadaba cerca de la orilla, ya que todos tomaban el sol. Sentía que tenía la mayor libertad de todas cuando estaba paseando tranquilamente por la playa. Sam corría a mi alrededor y jugaba trayendo conchas que le tiraba y me traía. Ladraba pidiendo más, pidiendo que le tirara cualquier cosa. Dafne a veces intentaba hacer un intento de vuelo corto en un intento de conseguir llegar a Sam. Me hubiera pasado tirando conchas horas, pero eran las dos y veinte y ya tendrían todo preparado.

- Ey Ada! Donde te habías metido? – dijo Sara acercándose a mí
- me he ido con Sam y Dafne a pasear por la playa un poco, pero ya estoy aquí – dije esbozando una sonrisa. Estaba más feliz que cuando me había ido; sería por la “hormona de la felicidad” que se segrega cuando haces ejercicio.
- ya estamos todos, venga vámonos- dijo Ainhoa cuando me vio pasar a su lado saludándola con un beso.
Nos subimos todos en el monovolumen de los chicos en vez de mi furgoneta hippie, todavía no recuerdo el porqué, habríamos ido más a gusto en mi furgoneta. Delante iban Noel y Pablo, en los tres asientos iban Sara, Julia Vanessa y Ainhoa, en los dos asientos siguientes iban Carlos, Liam y Miguel y por último en el maletero, sentados en el suelo, íbamos Ángel, Carolina y yo con Dafne y Sam. Liam intentó ponerse conmigo pero yo no quise, por los remordimientos que tenía sobre lo que sentía él sobre todo aquello. Aun así, Liam se sentó en el asiento que estaba más cerca de mí. Pasó su mano por un lateral de su asiento hasta alcanzar mi cuerpo, y dejo la mano posada sobre mi rodilla durante todo el trayecto. Daba igual que hubiera baches o curvas, su mano en ningún momento amenazó con moverse de donde estaba. Me daban ganas de tocar su mano, en realidad, me moría de ganas, pero la verdad, tenía miedo. No quería sobrepasar la línea del tonteo. No quería que él significara nada más que eso, otro chico más de mi lista. Sentía cosas muy fuertes por él, pero aun así no podía dejar que mi corazón venciera frente a mi cabeza que me decía que me haría daño, como tantos otros.
El trayecto no fue muy largo, apenas media hora de curvas, baches y frenazos.
Por fin llegamos, aparcamos el coche, nos bajamos.. La vista era magnifica, podíamos ver árboles, montañas gigantescas, pero no se veía el mar, todavía. Vino una brisa veraniega que me revolvió el pelo, al tiempo que Dani se reía de mí. Cogimos las cosas y estuvimos bajando durante una hora la montaña, lo que para mi fueron como dos largas horas pensando en Liam, a quien tenía a apenas dos pasos por delante de mí. Y a medio camino logramos vislumbrar el mar, pero para la playa quedaba un trecho más. Cuando logramos llegar por fin a la playa, solo vimos a dos parejas jóvenes y otras dos más con niños pequeños. La playa era preciosa. El agua cristalina, podías ver los peces; no había arena, la playa estaba llena de pequeñas piedras, cantos rodados de color ocre y hueso, que daban un efecto muy relajante y sedante en los pies mientras andabas por la playa. Las piedras que se encontraban al sol, ardían debajo de mis pies, lo que hizo que dejara la silla que llevaba en el suelo y saliera corriendo al agua a mojarme los pies. Las olas eran más bien grandes, de las que nos gustaban a nosotras, o por lo menos a mí. Volví junto con los demás y dejé la mochila que no me había llegado a quitar antes en el suelo, sobre una toalla. Después salí corriendo a zambullirme en el agua seguida de cerca por Sam y Dafne que se quedaron en la orilla mojándose sus patitas. Sentí un cosquilleo que recorrió todo mi cuerpo cuando me tiré de lleno al agua. Era una gozada, el agua estaba a una temperatura más que apetecible y las olas no paraban de mecerme, haciéndome sentir muy bien. Olvidándome de todo. El agua es mi medio. Sumergí la cabeza bajo el agua y.. Abrí los ojos; aunque no se veía bien, podía distinguir las formas de los peces que se movían a mi alrededor, incluso algunos me picoteaban los pies. Era la primera vez que abría los ojos debajo del agua de mar y no me escocían los ojos. Tal vez era una señal de que las cosas pueden cambiar, que a lo mejor Liam y yo podríamos estar juntos algún día. Todo lo que se me pasaba por la cabeza estaba relacionado con Liam. Liam, Liam, Liam.. Siempre Liam. Esa playa era la mejor en la que había estado. Había un descenso tremendo en cuanto te metías en el agua. El agua pasaba de cubrirte los pies a cubrirte hasta el cuello casi. Estaba bien, porque así, desde fuera me podía tirar de cabeza y sabía que no me chocaría contra las pequeñas piedrecitas que formaban el fondo. Tenía ganas de bucear, aunque no me había puesto ni gafas ni aletas. Iría más despacio y me cansaría más; pero en aquellos momentos no me importaba.
Los demás también se metieron en el agua, pero ninguno, ni Liam, se acercó a mí. Supieron entender que necesitaba espacio. Se lo agradecía, sobre a todo a Liam, que sabía que en mí había encontrado a una persona con la que poder bucear. Cuando estuve relajada, dejé que las olas me sacaran y me quedé durante unos segundos tumbada sobre las piedras hasta que sentí como alguien me tapaba el sol de la cara; era Sara.
- son casi las cinco, ven con nosotros que algunos tienen hambre y se han puesto ha hacer bocadillos – dijo. Me levanté refunfuñando y nos acercamos donde estaban los demás. De verdad parecíamos una familia, les vi a todos desde lejos, riéndose, pasándose comida para ayudar todos a hacer los bocadillos, ninguno protestaba y me sentí bien pensando que todos ellos, estaban felices en ese momento.
Siempre me habían dicho que siempre pensaba en mantener unidos a mis amigos y en pensar más en los demás que en mí. Cuando nos acercamos más, vi que me habían dejado un sitio entre Noel y Liam. Me senté entre ambos; notaba la rodilla de Liam tan cerca de la mía.. No me rozaba, pero podía sentirla. Cada vez me resultaba más difícil poder verle, sentirle y no besarle, abrazarle.. Poder gritarle que estaba locamente detrás de él, que no sabía que era pero sabía que era intenso. Solo habíamos pasado apenas unos cuantos días juntos, pero para mi eso era suficiente, por ahora..
No hablé mucho durante el día, preferí escuchar cómo los demás contaban sus anécdotas, cómo Sam corría de un lado a otro y Dafne picoteaba a ésta las orejas, o cómo las chicas corrían en dirección al agua y se zambullían. Por primera vez, fui yo quien se tumbó en la arena mirando al sol sobre una toalla, bajo la sombrilla y me puse a pensar, a descansar; mientras los demás se iban hacia el agua. Pensé en lo que sentía por Liam. No estaba muy segura de nada. No era la primera vez que me gustaba un chico y me daban calabazas, y tampoco sería la primera vez que estaba con un chico que me hacía daño. En parte tenía miedo de eso, del futuro. Aunque siempre me había dicho que debía vivir el presente, nunca lo hacía, era así de rara (y lo sigo siendo, estoy segura). Soy muy poco hábil, por lo que no suelo darme cuenta de lo que quiere el chico cuando tontea conmigo y a veces por eso, me meto en líos. Lo que siento yo, es fácil de interpretar por mí, pero interpretar las intenciones de los chicos.. se me da mal.. no, lo siguiente. Así que en cosas de amor, soy un cero a la izquierda. (será por eso que me las meten dobladas). Seguía pensando en mis cosas cuando noté cómo alguien se tumbaba a mi izquierda un rato después de haber cerrado los ojos. Sentía su respiración, calmada, relajada al igual que la mía. Sentí que solo estábamos los dos ya que oía un gran barullo a lo lejos que supuse que serían mis amigos. Su respiración se acompasaba con la mía. Noté cómo me acariciaba el brazo, las mejillas. Tenía la piel rugosa y mojada, me estremecí. Por donde iba pasando sus dedos, notaba que mi piel se mojaba y se entumecía, para en seguida volver a secarse y volvía a arder por el sol. Quería que fuera Liam quien lo estuviera haciendo, lo deseaba con todas mis fuerzas, pero no me atrevía a abrir los ojos, ni siquiera a entreabrirlos para no decepcionarme. Así que lo único que hice fue sonreír y seguir sumergida entre mis pensamientos mientras aquel desconocido me acariciaba.
- tienes una sonrisa preciosa – reconocí su voz enseguida, era él, era Liam y en un acto inconsciente abrí los ojos y ahí estaba él, incorporado sobre su toalla, tapándome el sol con su robusto cuerpo, apoyado sobre su mano derecha y su cuerpo echado hacia delante, donde estaba yo tumbada. Estaba completamente empapado de agua salada. Al verle así recordé la primera vez que habíamos buceado juntos. Con el pelo chorreando agua salada estaba guapísimo. Una gota calló sobre mi pecho; un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Otra gota más calló en mi cuerpo, esta vez en mi hombro y otra más en el brazo. Me fijé de donde venían: de su pelo, de su pecho, de su abdomen, de todo su cuerpo caían pequeñas gotas y la mayoría llegaban hasta mi cuerpo. Me miró con unos ojos que demostraban amor y sinceridad, hizo una mueca y a continuación dijo -por tu cara.. ¿Esperabas que fuera otra persona?-. Mientras poco a poco acercó más su cuerpo al mío y posaba su mano izquierda sobre mi toalla, al lado de mi cara. Más gotas empezaron a mojar mi bikini ya seco y el resto de mi piel descubierta y achicharrada por el sol. Las gotas estaban frías y lograban refrescarme algo, a pesar del calor que emanaba de mí al tener tan cerca de Liam.
- esperaba que fueras tú – susurré, sonrojándome nada más decirlo. Sus ojos brillaron y se volvieron más verdes, estaba feliz. Había empezado a entender parte de su ser. Sabía reconocer cuando estaba feliz mirando sus ojos. Me había salido solo y no sabía por qué lo había hecho. Quería huir pero antes de que pudiera se acercó más a mí, me cogió de la cintura con su mano izquierda atrayéndome hacia él. Pegué un grito ahogado, sus mano estaba terriblemente fría cuando rozó la piel de mi espalda. Me dejé llevar, sabiendo que eso es lo que debía hacer; vivir el presente, por primera vez. Apoyó su codo derecho en la toalla y con su mano derecha me fue acariciando la mejilla hasta llegar a mi cuello, hasta que su cuerpo estuvo tan cerca del mío que olvidé hasta como respirar. Por donde iba pasando sus fríos dedos mojados en agua salada, el bello se me erizaba. Solo le sentía a él, que por fin estaba a mi lado, conmigo. Mi corazón que desde hacia un rato iba deprisa, comenzó a ir más deprisa si es que es posible que pase eso. Se acercó más y más, muy despacito, como en los cuentos de hadas o las películas de amor. Cada vez nuestros labios estaban más cerca y mi corazón latía con tanta fuerza que llegué a pensar que seguramente lo escuchaba tan claramente como yo. Se quedó quieto cuando sus labios rozaron los míos y durante una milésima de segundo los dos saboreamos como era ese momento antes del paso final, sonriendo. Tenía unas ganas inmensas de besarle, de sentir su beso con sabor a sal, de tenerle pegado a mí; estaba empezando a desearle sin apenas haber echo nada. No quería esperar más. Vi gotas de agua resbalando por sus labios carnosos y sentí envidia de ellas. Y por fin pasó. Nuestros labios se juntaron, fue una sensación enloquecedora. Me recorrió un hormigueo por todo el cuerpo empezando por la punta de los pies y terminando en mis labios. Mi cuerpo se pegó al suyo, moviendo mi pelvis intentando estar lo más cerca de él que nuestros cuerpos nos dejaban. No fue un beso largo, tras unos segundos, nuestros labios se separaron, quería más, quería saber cuál era el tacto de su lengua, su sabor, su todo pero Liam me sonrió y se tumbó en su toalla, dejando que me tumbara en su pecho como aquella noche. Cuando creí que no me veía, me relamí. Mis labios sabían a la misma sal que hacía pocos segundos estaban en sus labios. Después de aquel beso, me inundaron la mente muchas preguntas, la mayoría sin respuesta. No sabia que significaba aquello que acababa de pasar, me sentía tan bien a su lado pero por otro lado, todo había pasado muy rápido. A lo mejor me estaba precipitando. Tuve miedo, una vez más.

ABRIENDO LOS OJOS - Luca cap. 25


Capítulo 25




-Ahora-




     Vuelvo al pasado. Era por la noche. Estábamos sentados en la mesa, esperando que nos sirvieran la cena.
-Padre tengo algo que decirte- dijo Chiara.
-Hija mía, yo estaba esperando para el postre para decirte una buena noticia- dijo Padre con esa voz tan tosca y grave, propia de él.
-Podemos dejar la conversación para después- sujirió Chiara un poco nerviosa. Miré sus manos, las estaba retorciendo bajo la mesa. Deslicé mi mano hacia las suyas y las apreté. Ella me dio un vistazo fugaz y volvio su cabeza hacia Padre.
-No, ahora está bien. Las buenas noticias se pueden decir en cualquier momento- dijo Padre. Miré a Chiara esperando que se lanzara y le contara a Padre todo. Pero ella no decía nada, simplemente miraba a Padre.
-empieza tú Chiara, hija mía- dijo Padre
-No Padre. Tú primero- dijo Chiara con un asentimiento de cabeza. Lo hizo por educación, Padre siempre es el primero en hablar.
-perfecto- dijo Padre juntando ambas manos -quiero anunciaros a todos, que hace unos días lleve a cabo un trato para casar a Chiara con Cesare Salvatore, el hijo de Daniel Salvatore, el clan que está pisándonos los talones. Es el mejor trato que hemos echo en años- dijo Padre juviloso con un brillo en sus ojos.
-¡Padre no!- gritó Chiara dando un brinco de la mesa. Ahora esta de pie, con sus manos sujetando la mesa. Los dedos blancos de rabia.
-Chiara es una gran oportunidad para el clan. Y para ti. Él es un hombre importante- dijo Padre.
-No Padre. Es una gran oportunidad para ti. No estás pensando en mi felicidad, solo en tu maldito clan- gritó mi hermana, rabiosa. Sus ojos anegados en lágrimas.
-no me levantes la voz hija, te aviso. La decisión está tomada- dijo Padre con desdén levantando la voz. Lo supe desde que lo dijo. El nunca se retracta.
-Padre, yo ya tengo un hombre con quien quiero casarme; y no es Cesare- dijo mi hermana con voz decidida y grave.
-Quien- dijo Padre levántandose tambien de le mesa y mirando fijamente a mi hermana con el ceño fruncido.
-Un hombre de otro clan con quien tambien podrias formar una alianza- dijo Chiara intentando vender a Giovanni para que Padre aceptara.
-Quien- volvió a repetir Padre- nombre y apellido.
-Se llama Giovanni, Giovanni Di Luca- dijo Chiara con la voz más seca y potente que tiene.
-el? Ese? Ese mero soldado?
–Sí, él –contestó Chiara con voz dura.
–NO. definitivamente NO Chiara. No puedes rebajarte a ese nivel.
-Padre, ya lo he echo. Con él es con quien quiero estar.
–No sé cómo siquiera se te ha pasado por la cabeza hija. Todo el mundo sabe que está donde está porque toda su familia lo ha estado por generaciones, no porque él quiera.
–Por eso mismo le quiero a él –gritó Chiara. Nada más terminar la frase, Padre rojo, con sus manos echas puños y la mandíbula apretada, pegó una bofetada a Chiara.
-está decidido Chiara, te casarás con Cesare. Solo falta concretar el día de la boda. Olvida a Giovanni. No vuelvas a acercarte a el.
Chiara no dijo nada, con su boca abierta y su mejilla colorada, levantó la cabeza bien alta como nos han enseñado, enmascaró sus sentimientos y se marchó de la mesa, hacia la puerta de entrada. Cerró de un portazo. Miré a Padre.
-has sido muy duro- dije defendiendo a Chirara.
-No estaras tu de acuerdo en que se case con ese don nadie, teniendo a Cesare como candidato verdad?- me acusó Padre. Pensé en Cesare. Típico chulo y creido, hijo del boss. Tratará a Chiara como a un trapo. La engañará y la dejará tirada. Él es mucho peor que yo. Pero Padre no lo entiendió. Lo único que vio es el juego que le dará tener otro clan aliado. Antepuso el crecimiento del clan a la felicidad de su hija, pero eso no es nada nuevo, al menos para mí.
-todos sabemos que Cesare no la cuidará bien padre- defendí.
-lo hará- dijo Padre dando por finalizada la conversación.
Me levante de la mesa y sali por la puerta de la entrada para buscar a Chiara. Alessandro salio detrás de mí.
-Luca! A donde vas?- dijo alessandro detrás de mí.
-a buscar a Chiara a donde si no?
-dejala. Ya volvera.
-No Ales, no. Puede hacer cualquier locura. Quiere a Giovanni y odia a Cesare. No hay manera de que ellos dos se casen- dije intentando hacer entender a Alessandro.
-Luca no te entrometas. Deja que Padre haga lo que quiera. Deja de inmiscuirte. Deja a Chiara.
-dejalo Ales, no sabes nada- conteste ya de mala gana. Alessandro me cogio el brazo y me hizo darme la vuelta.
-que es exactamente lo que no se, eh hermanito?- pregunto Alessandro con voz dura, enarcando una ceja. Era el diablo en ese momento.
-quiere estar con el, no con Cesare. Eso es lo que tienes que saber. Deberias defenderla es nuestra hermana.
-y el nuestro padre Luca. A ver si te entra de una puta vez en la cabeza que Padre esta por encima de todo.
-eso ya lo veremos- dije en un susurro. Alessandro ni siquiera me oyo.
–Lo sabías, desde el principio. La locura que iba a cometer Chiara esta noche y no me has dicho nada? –preguntó de repente Alessandro sin venir a cuento. Me giré para encararle.
–No es asunto tuyo Alessandro –espeté. En otro momento, le habría llamado Aless, pero en ese momento, la ira hervía dentro de mí y él ya no era Aless, era Alessandro.
–Lo es, también es mi hermana –contraatacó Alessandro.
–La habrías delatado –es lo único que contesté.
Alessandro se dio la vuelta y entró en casa. Ni siquiera intentó revatírmelo porque sabía que tenía razón. Ahí, en ese mismo instante, Alessandro y yo perdimos toda la confianza que durante tanto tiempo habíamos ido creando.

Padre nos enseñó que lo primero es la familia y era lo que estaba haciendo; seguir su consejo y sus reglas.